4 letras.

Arrancando otro año muy difícil en lo personal, pero sobre todo a nivel global, nadie escapa a esta situación tan complicada que vivimos en todos los niveles, pocos se sobreponen a la tristeza que nos invade, desde lo económico hasta lo social, desde lo material hasta lo más importante, el amor que nos rodea y que poco a poco pasa a un segundo plano demasiado peligroso…

Tratemos de rescatarlo…

Los que me conocen de aquí y de allá saben que el amor por mi querido Hindú Club de Don Torcuato es algo que nunca termina, el amor por el Club y todo lo que me dio, esas famosas cuatro letras que significan tanto, Amor por esa camiseta, Amor por ese lugar de pertenencia, Amor por todo lo vivido, difícil de valorar…

Cuando escribo siento que transmito lo vivido, sobre todo porque cuento anécdotas de vida que marcaron mi crecimiento como jugador, pero sobre todo como persona, y aun hoy esas vivencias siguen vigentes.

Retomando esa historia está claro que tuve mis momentos oscuros, en donde muchas veces equivoqué el camino, esto no significa que me arrepienta, porque el golpe me hizo crecer y valorar mucho mas todo lo que había perdido.

Aun hoy sigo aprendiendo sobre los errores, aunque está claro que el partido se va terminando, y por supuesto, el margen de error va disminuyendo…

El año 89’ fue un año difícil en mi vida, en donde la adversidad arremetió y duro contra este cuerpo y todo lo que tenía a mi alrededor, fueron momentos duros y que marcaron mi vida para siempre.

Quizás en el mejor momento de mi carrera, cuando comenzaba a sentirme importante y los elogios me llovían no solo dentro de mi Club sino también en el ámbito del rugby nacional, una lluviosa tarde de domingo en el antiguo Biei toda la humanidad de Sandro Iacchetti y sus 135 kgrs. arrasaba al durísimo pack de Belgrano en un ruck con el daño colateral de todos mis ligamentos, se me cayó el mundo encima…

Pero igualmente la voz del Gran Capitán Juanpi Piccardo diciéndome no tienes nada, tienes que seguir, me metió de nuevo en el partido y en esos vertiginosos últimos veinte minutos, el dolor lo mitigaba toda la adrenalina del mundo hasta que llegue al vestuario, ahí comenzaba el verdadero infierno del dolor autentico, cuantas locuras cometíamos siendo pendejos…

Ese fue el principio del fin, unas semanas después recibí el golpe más duro, esta vez fuera de la cancha, un golpe que marco mi vida para siempre desde lo personal, y ahí estuvo todo el Club que me brindo un apoyo interminable en forma de cariño y contención, pero mi juventud y rebeldía me llevo a tomar la peor decisión posible, cambiar de Club…

Ese año había comenzado con el incendio del quincho del rugby, nuestra historia, nuestra casa destruida por las llamas, ni siquiera podíamos jugar en nuestro campo principal por el escenario dantesco que lo rodeaba, pero lo peor de todo era ese humo negro y espeso que costaba despejar para retomar la normalidad de una comunidad devastada por una situación inmerecida, que momentos más tristes y duros para todos…

Y fue en ese momento donde las dudas de juventud te agobian y tienes la necesidad de tomar aire, y aunque mucha gente no entendió esta decisión, algunos quisieron convencerme de quedarme y otros respetaron lo decidido, aunque no lo compartieran.

Tenía la posibilidad de irme adonde quisiera, pero nuevamente elegí la amistad y cercanía cariñosa frente a la posibilidad de crecimiento deportivo y desafíos importantes que podía aspirar en clubes más poderosos.

La elección fue el viejo Biei, el Buenos Aires Rugby & Cricket Club uno de los 4 fundadores del rugby argentino, allí me reencontraba con muchos amigos del rugby y también de la vida, ya que mucha gente era de Florida como yo, localidad del norte de Buenos Aires, donde habíamos disfrutado de una linda juventud en el barrio y varios veranos en Villa Gesell. Estoy hablando de Cachito Urbano, el Hongo Acosta Pimentel, Pichu Di Salvo y por supuesto del Lápiz Álvarez, amigazo de la infancia.

Igualmente fue un año difícil para mí, no porque me sintiera un extraño, todo lo contrario, desde el primer día me hicieron sentir como uno más del Grupo, no solo de parte del Ruso Sanz, quien, como Entrenador tenía grandes expectativas sobre mi rendimiento teniendo en cuenta mi experiencia, pero además tanto mis compañeros como la directiva me dieron muchísimo respaldo en todo lo que necesitaba…

Pero igualmente, algo importante me faltaba…

Mi cabeza siempre estuvo a unos kilómetros de distancia de San Miguel…

Mi cabeza siempre estuvo allá en Torcuato donde mis amigos se jugaban el descenso en cada fecha, cuanta angustia me invadía al saber los resultados, durísimo…

Una derrota más dejaba a Hindú nuevamente como candidato al descenso, esas semanas fueron difíciles para Torcuato que se jugaba todo contra el Atlético de Rosario en una última y angustiosa jornada en Don Torcuato.

A los pocos días hablé con entrenadores, directivos y amigos de Biei, estaba claro que debía estar con los míos en los momentos difíciles y lo entendieron como lo que representan, auténticos hombres de rugby.

Así que antes del final de temporada ya estaba de vuelta, y aunque no podía ayudar desde dentro del campo, pude disfrutar de un final feliz en ese extraño año 90’, viendo a mi Club mantenerse en primera división, pero sobre todo volviendo a mi casa, adonde estaban todos mis amigos, aquellos que pese a las adversidades continuarían sembrando lo que algunos años después cosecharían con el orgullo que te brinda el éxito logrado después de tanto sufrimiento y penuria.

Como verán, todas estas vivencias nos llevan siempre hacia un mismo lugar, aquel lugar sagrado, aquel lugar donde crecimos, sufrimos, odiamos y amamos, aquel lugar donde habrá siempre una mano tendida, y que finalmente resume todo en 4 letras…

4 letras que forman una palabra, una palabra que es motor y combustible, algo que nos impulsa y sostiene cuando tenemos que realizar algo que de otra manera sería imposible…

4 letras que significan AMOR…

AMOR al RUGBY…

AMOR al CLUB…

AMOR a la VIDA…

Ese es el único secreto…

Pongámoslo en práctica…

Dedicado a tod@s los que no la están pasando bien…

No se olviden…

Todo puede ser mejor…

Siempre…

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