Creciendo con Amistad.

Tarde de lluvia rara en el martes de una Barcelona inserta en un desconfinamiento incierto, el sonido y el aroma de las gotas que caen traen consigo pensamientos, muchos recuerdos y alguna reflexión…

Tarde de lluvia revolcándome en el césped del vecino con 4 locos más, amigotes de la vida, imitando y porque no soñando emular a los Heroicos Pumas que casi le ganan al histórico Gales de Gareth Edwards, allá por el 76’…

En el cielo, los nubarrones negros nos vaticinaban la llegada de una de las etapas más oscuras de la historia argentina…

Tarde de lluvia interminable allá en San Fernando, saltar al campo entre una multitud estoica ante el chaparrón para alentar a sus clubes del alma, Hindú y Cardenal Newman luchando por la permanencia, todo el partido ganando pero en la última jugada un imposible pasamanos bajo el diluvio lo lanza a Prat Gay hacia la victoria y nos toca bajar a Segunda por primera vez en la historia…

Toda mi inocente juventud se derrumbó y quede con la cara sumergida en ese campo inundado, ahí apareció Sandro Iacchetti para levantarme junto con los amigotes de Newman, que en lugar de festejar la permanencia no dudaron en consolarnos a todos los jóvenes jugadores de Torcuato…, Juanito del Azar, Techi Tezanos Pinto, Emilito Ezcurra, auténticos Caballeros del Rugby…

Al salir casi sin fuerzas en las piernas los veo ahí paraditos en la puerta del campo, completamente empapados y con las gotas de lluvia confundiéndose con las del llanto esperando para darnos su cariño, un grupo de enanos encabezados por Nico, Manasa, el Queso, el Rusito Ostiglia, Facu Serrano y varios vaguitos más…

Ese día bajo el diluvio universal, un grupo de borregos amigos se juramentaron llevar a cabo algo, llevar a Torcuato a la cumbre del rugby argentino…, no cabe duda de que lo lograron…

Tarde de lluvia de verano en Torcuato de pretemporada, bajo los gotones que eran como piedras, 10 o 20 locos nos jugábamos la vida en cada entrada corriendo esta vez detrás de una redonda, no importaba el durísimo entrenamiento que nos metía Roberto Chagra por la mañana, el fulbito en el cajón atrás de las pistas de tenis era un clásico junto a los veteranos, el Cholo, Vittorio y el Coco eran los únicos intocables, el resto éramos de palo…

El Ruso, el Rata, el Chino, Foresti, Chupete, Tato, Gorito…, terminábamos todos juntos en la piscina, no importaban los rayos que caían cerca, las anécdotas de aquellos veranos de juventud eran imperdibles…

Me traslado por un instante…, que lindo haberlo vivido…

La tarde de lluvia me trajo muchos recuerdos, en todos está el rugby y mi Club, pero hay un factor que va ligado a nuestro deporte que dice mucho de porque lo amamos tanto y lo seguimos jugando incluso, después de haberlo dejado…

La Amistad interminable, la que existe de mil maneras pero que siempre te empuja a dar y dar sin esperar nada a cambio, da lo mismo donde hayas nacido, la religión que profeses, si sos de River o de Boca, del Barça o del Madrid, porteño o rosarino, da lo mismo…

Hoy en día con más de 50 años, a más de un océano del lugar donde nací, sigo creyendo en la Amistad que me enseñaron los más grandes de Torcuato, aquella que también encontré aquí y que, aunque parezca diferente es la misma, es la que habla de valores y de respeto, pero sobretodo de la mano en el hombro que te empuja a seguir o aquella que te saca del pozo cuando te estas hundiendo…

Podría dar muchos ejemplos de que la amistad sigue los mismos patrones vayas donde vayas, ella nos encuentra, nos une, nos hace crecer, nos hace educar, nos hace llorar, nos hace dar, y dar, y dar…, siempre con el rugby como excusa y nexo inquebrantable…

Hoy son momentos de autocrítica y reflexión intensa, de pararte y pensar en los auténticos amigos, los que bancan siempre, de acá y de allá, los que te tiran una mano desinteresada, los que te hacen una llamada esperanzadora, y los que te empujan a hacer un zoom con otros 25 locos un sábado a la noche, y volverte a reír como esos sábados de lluvia de verano con el agua en la cintura en la pileta de Torcuato, con los flashes provocados por los rayos de tormenta cayendo sin cesar en la arboleda del golf…

Qué recuerdos de Amistad…

Así que…

Gracias a tantos por vuestra Amistad, esa que perdura a través del tiempo y la distancia, esa que nos llena de vida, esa que nos protege de la oscuridad…

Gracias a todos…

Así que sigamos…

Creciendo con Amistad…

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